Ahora que has empezado a pensar en los cambios que quieres hacer, es natural e inevitable que te surjan dudas. Si te ha ocurrido, no te preocupes. Es normal que surjan dudas, pero no dejes que tomen las riendas. Mira tu diario y fíjate en las dudas o preocupaciones que hayas escrito, en la mayoría de las ocasiones tienen forma de excusa, pero es importante atenderlas, nos están indicando de que hay algo importante detrás. Busca formas de resolver esas duda, utiliza la imaginación, sé creativa.

Por ejemplo, si pienso: “Me preocupa que al hacer este cambio, se produzcan otros cambios sobre los que no tengo control.” Puede ser que nuestro miedo a lo desconocido esté relacionado con el miedo al éxito, nos preocupamos de que si conseguimos nuestro objetivo, cambien otras cosas en nuestra vida y esa falta de control, aunque a la larga pueda ser positiva, da miedo. Pregúntate ¿Qué cosas específicamente me preocupa que cambien? ¿Tienen una base real mis miedos?

El hacernos responsables de nuestras elecciones, nos da un sentido de control, una sensación de hacernos cargo de nuestro destino y de que las cosas saldrán más o menos cómo las hemos planeado, sabiendo ser flexibles al respecto. Para ello es bueno saber que puedes elegir la velocidad y dirección de tu cambio, pararte en cualquier punto del camino en el que notes incomodidad, explorar de qué se trata y darle la mejor solución en ese momento.

Otro caso sería: “Si no lo logro, todo el mundo pensará que soy un fracaso, mejor no lo intento.” El miedo al fracaso nos puede paralizar, e independientemente de lo que los demás opinen de nosotros, nos puede llevar a sentimientos de baja autoestima. Si has experimentado un fracaso doloroso con anterioridad, te puede resultar difícil volver a intentarlo.

Reflexiona de dónde viene esa sensación de fracaso. ¿Es por una experiencia pasada? ¿Un comentario negativo de alguien importante para ti? Una vez que somos conscientes de dónde vienen ese tipo de mensajes negativos, podemos romper el círculo vicioso y empezar a construir a partir de ese momento.

Quizá te pueda resonar también esta situación: “No estoy cómoda dedicando tanto tiempo par mí. Me preocupa que piensen que soy una egoísta.” Este sentimiento de culpa viene de la mala prensa que tiene el egoísmo, hemos aprendido que toda forma de egoísmo es negativa y censurable, cuando en realidad para poder cargar con el peso de otros, es preciso aprender a cargar primero nuestro propio peso. Y, ¿Cómo ayudamos a los demás si no sabemos hacernos cargo de nosotros mismos? Que una persona piense en resolver sus problemas antes que los de los demás, que atienda a su salud en primer lugar, que dé prioridad a sus necesidades y que quiera obtener de la vida lo mejor, no tiene nada de reprochable.

El “Egoísmo positivo” está relacionado con la autoestima, es el respeto hacia uno mismo, la capacidad de participar en diversos contextos sociales, sin perder nuestra identidad.

Cuando nos centramos en nosotros mismos para ser más felices, los demás saldrán también beneficiados. Ya que si somos felices, contagiaremos esa energía.

«Nunca he conocido a una persona, sin importarme su condición, en quien no viera las posibilidades. No me importa cuán fracasado pueda considerarse un hombre, creo en él, porque puede cambiar las cosas que están mal en su vida cada vez que esté preparado y listo para hacerlo. Cada vez que lo desee, puede eliminar de su vida aquello que le está venciendo. La capacidad de reformar y cambiar su vida se encuentra en su interior.” Preston Bradley

 

Una vez hayas eliminado lo que se interpone en tu camino, te será más fácil seguir avanzando.