Una ranita recorre saltando un profundo surco dejado por un tractor. La otra la ve abajo y le grita:

-¡Eh! ¿Qué estás haciendo ahí abajo? Aquí arriba se está mucho mejor, hay más comida.
-No puedo subir -le responde la otra
-Déjame ayudarte -le ofrece la de arriba.
-No déjame en paz. Aquí estoy bien, hay comida.
-De acuerdo, pero aquí arriba hay mucho más espacio para explorar y para moverse – dice la otra rana-.
-Aquí abajo tengo todo el espacio que necesito -mantiene la de abajo-.
-¿Y qué me dices de relacionarte con otras ranas? -argumenta la de arriba-.
-De vez en cuando bajan algunas hasta aquí, y si no, puedo gritarles a mis amigas de ahí arriba.
Finalmente, la rana de arriba abandona su empeño y se va, dando brincos.
Al día siguiente, ante su sorpresa, se encuentra con la rana de abajo saltando a su lado.
-Oye – le grita- creí que ibas a quedarte en ese surco. ¿Qué ha pasado?
– ¡Que venía un camión!

 

Algunas personas necesitan el equivalente a un camión para moverse.

Cambiamos porque nos vemos obligados a hacerlo.

La pregunta inicial sería si realmente queremos cambiar o estamos tranquilos donde estamos. Muchas veces optamos por quedarnos donde estamos, por que es la zona de confort, aunque no nos guste, o porque los hábitos antiguos están tan arraigados que creemos que costará mucho modificarlos, hasta que viene el camión y nos obliga a movernos, con el coste que ello supone y nos cuesta tanto porque no lo hacemos por voluntad propia.

 

¿Cuántos camiones han pasado por tu vida?

 

Tengo que confesar que por la mía, unos cuantos.

Hasta que aprendí a moverme desarrollativamente hacia el cambio, por otro lado lo único permanente, me movía por alejamientos y acercamientos, en una carrera sin rumbo, cual hámster en su rueda, para descubrir que detrás de tanto esfuerzo, volvía a estar en la casilla de salida.

 

¿Qué podemos hacer para conseguir un sentido de dirección?

  1. Parar a explorar
  2. Mejorar la comunicación, sobre todo contigo mismo.
  3. Desaprender patrones que no te sirven
  4. Adquirir nuevos hábitos

 

Todo esto nos llevará a un mejor auto liderazgo y dirigirnos hacia dónde queremos.

Para ello os invito a buscar un momento donde podamos sincerarnos con nosotros mismos, con nuestros pensamientos, sueños, decepciones, análisis. Os invito a revisarnos cada cierto tiempo para evaluar nuestra trayectoria de vida. A vernos en profundidad y reflexionar sobre lo que estamos haciendo, a encontrar un espacio en el que tengamos la posibilidad de parar, mirarnos y preguntarnos: ¿Qué lenguaje utilizo conmigo mismo y con los demás? ¿Qué cosas de las que están ocurriendo hoy no me gustan? ¿Con qué situaciones me estoy sintiendo incómodo? ¿Qué aspectos míos aun están inmaduros y necesitan crecer? ¿Qué quiero mantener? ¿Qué tengo que dejar de hacer? ¿Qué nuevos hábitos me ayudarán a ser la persona que quiero ser? ¿Cómo dar el primer paso para adquirir ese nuevo hábito que me ayudará a acercarme a mi objetivo? ¿Qué valor añadido deseo aportar con lo que hago? ¿Qué puedo cambiar para ser mejor en un determinado espacio de mi vida? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para mejorar aquello?

 

Creo que sabemos muchas de estas respuesta, solo que a veces por miedo no les hacemos caso, preferimos «No ver» o creer que no estamos viendo, porque es más fácil que aceptar la realidad, más fácil que tener que trabajar en lo que necesitamos cambiar.

Es como cuando de niños, nos tapábamos los ojos diciendo “no estoy” y estábamos realmente convencidos de que así era.

¿Crees que las cosas pueden suceder casi sin darte cuenta? Esperemos que no…

Este es un ejercicio para reflexionar, un ejercicio de introspección incluso para mi misma.

 

Piensa en todos los “es que» que te dices para evitar el cambio, en todas las excusas. Todos tenemos razones para estar mal, y como ya he comentado en otras ocasiones, nuestro cerebro está diseñado para enfocarse en lo negativo, con lo que hay que hacer un esfuerzo consciente para poner atención a las cosas buenas de nuestra vida y poder ver el mundo tal cual es, con lo bueno y lo malo, que también lo hay, aunque no puede ser una excusa para el inmovilismo.

 

Como le digo a mis hijos y alumnos, los perdedores tienen una excusa, y los ganadores un plan. ¿Cuál es tu plan?

¿Qué primer paso vas a dar para encontrar ese rato de reflexión que te acercará al cambio que tú quieres y te evite algún que otro camión?