Los principios de cualquier cambio son siempre más fáciles, la energía que nos da un trabajo nuevo o una nueva relación, nos hace entrar en un estado de “luna de miel”, en el que nos sentimos pletóricos y nos es fácil estar motivados. Es el momento de aprovechar tu entusiasmo y construir la fuerza de voluntad que te ayudará, cuando se acabe la “luna de miel”.

La fuerza de voluntad es como un músculo que se puede desarrollar con práctica, de la misma manera que nos ponemos en forma haciendo ejercicio. No vamos al gimnasio 10 horas seguidas una vez al año, si queremos mantener la forma es más efectivo el ejercicio regular durante menos tiempo, con los hábitos tenemos que seguir el mismo principio.

Divide tu objetivo en metas más pequeñas. Si tu objetivo es cambiar de trabajo dentro de 6 meses, prepara un plan de acción para conseguirlo, por ejemplo actualizar tu CV, cuándo y a quién enviarlo

Evalúa dónde has llegado y refléjalo en el diario, aunque sea un mínimo avance. Ver el progreso que vas haciendo te dará la motivación que necesitas para seguir centrado en tu objetivo, sobre todo en momentos de bajón.

Puedes utilizar cualquier cosa que creas que te puede ayudar a seguir  motivada a lo largo del tiempo, por ejemplo una imagen de ti consiguiendo tu objetivo, que visualizarás cada vez que te invada la sensación de desánimo y el caos que suele acompañar el proceso de aprendizaje, o cuando sientas ganas de abandonar. Utiliza tu imaginación para diseñar alguna estrategia que te ayude a hacer el proceso más llevadero.

Piensa en cómo aprendiste a andar, supongo que te caerías un montón de veces e incluso llorarías en alguna ocasión, pero en ningún momento tiraste la toalla. ¿O sí?

«Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino.” Mahatma Gandhi