Se habla mucho de cómo cuidar el cuerpo y mantenerse en forma, sin embargo no le damos tanta importancia al mantenimiento de nuestro estado mental. Es muy importante mantener a raya el estrés y encontrar maneras de conectar con momentos de paz.
Voy a compartir contigo 8 pautas para cuidar el cerebro, mantenerlo en forma y encontrar un poco de paz en tu pequeño mundo.

1. Confía en ti mismo.  Nunca podrás estar del todo segura de haber comprado el regalo ideal, elegido el mejor menú o traje, pero si no confías en ti, caerás en la duda, y ésta te llevará a una tensión innecesaria para el cerebro, que te impedirá disfrutar al máximo del momento. Confía en ti, teniendo claro que tus decisiones no le van a gustar a todo el mundo y que está bien poner un poco de lechuga con el pavo.

2. Habla con otros. El desarrollo de las habilidades de comunicación ayuda a mantener el cerebro en forma, además el diálogo implica interacción social y cuánto más conectamos con los demás mas desarrollaremos las habilidades cognitivas.
Intenta tener conversaciones significativas y positivas, sabiendo que al hacerlo, no sólo estás estrechando lazos, sino también estás poniendo en forma el cerebro.

3. Haz ejercicio aeróbico. Fortalece tanto la mente como el cuerpo. Lo importante es encontrar el ejercicio ideal para cada uno. Se puede considerar una forma de meditación porque implica además de la concentración sostenida, regulación de los movimientos corporales y la respiración. Mejora la plasticidad cerebral, el rendimiento académico, el sistema inmunológico y el bienestar general ¿Qué mas se puede pedir? El yoga y el baile nos sirven. Saca tiempo para ello, tu cuerpo te lo agradecerá.

4. Medita.  Entre 10 y 15 minutos de meditación al día tiene un efecto positivo. Incluir la meditación en tu vida, te ayudará a mantener sano el cerebro. Es una forma de entrenar tu mente para reconocer los pensamientos inconscientes asociados a los estados de ánimo. A través de la introspección empiezas a entender tus emociones, cómo se crean, reconocerlas, y aceptaras, sean las que sean. Con el tiempo aprenderás cómo alimentarlas o dejar de hacerlo si la ocasión lo requiere.
Cuando estés a punto de estallar, por ejemplo por el comentario desafortunado de un familiar, respira. Céntrate en lo que estás comiendo, bebe agua y rebaja la tensión antes de contestar.
Lo único que tienes que hacer para meditar es conectar con tu respiración durante un tiempo cada día y observar. Fácil, ¿Verdad?

5. Bosteza, sí, aunque te parezca extraño, el bostezo se utiliza en logopedia para relajar los músculos de la garganta. Lo empecé a practicar hace unos años para tratar un problema de nódulos en las cuerdas vocales. Me ha ido tan bien, que lo sigo practicando. Pruébalo a lo largo del día, al despertar, cuando tengas que resolver un problema difícil, cuando sientas enfado, ansiedad, y antes de dormir. Puedes hacerlo antes de las comidas familiares de forma discreta, incluso durante si lo haces discretamente, siempre le puedes echar al culpa al vino. Notarás la diferencia.

6. Relájate de forma consciente. No estoy hablando de echarte una siesta o de tumbarte en el sofá a ver la tele, sino de conectar con cada parte de tu cuerpo para reducir la tensión muscular y la fatiga. Si te pones una música tranquila, tu cuerpo se relajará con mayor rapidez. En esta ocasión haz un recorrido mental por todo tu cuerpo, poniendo la atención y la intención en relajar cada zona, desde la cabeza, hasta los pies. No lleva mucho tiempo y ya verás cómo además de encontrarte mejor reduces la tensión. Ideal después de las comidas y si te duermes, tampoco pasa nada.

7. Mantente activo intelectualmente. Si no usas las neuronas se pierden. El estímulo intelectual y cognitivo refuerza las conexiones neuronales y ayuda a mejorar tus habilidades de comunicación, de resolución de problemas, de toma de decisiones, etc. Además reduce la propensión a reaccionar con miedo e ira. Asegúrate de disfrutar del proceso porque el estrés interfiere en el funcionamiento de la memoria. Aprovecha para jugar a algo en familia estos días, desde el dominó o el rummy que les gusta mucho a la mía, o el póker, parchís o Monopoly, o mejor aún, si estás especialmente creativo, inventa uno.

8. Finalmente sonríe. La sonrisa es neurológicamente contagiosa en todas las culturas. Hay estudios científicos que avalan que sonreír tiene beneficios para la salud, disminuye el estrés, ayuda a prevenir la enfermedad y promueve una vida más sana. Thich Nhat Than sugiere hacer la meditación de la sonrisa que consiste en dedicar un tiempo al día a sonreír. ¿Qué tal si lo pruebas a partir de ahora todos los días. Y me dirás, “no me apetece sonreír”, aunque no te apetezca, sonríe, funciona igual, ya veras como con el tiempo, no podrás pasar sin ella.

“Si estamos en paz, si somos felices, podemos sonreír y florecer. Así cada persona en nuestra familia, en nuestra sociedad, se beneficiará con nuestra paz.” Thich Nhat Hanh

Lo que mas me gusta de estas palabras es el beneficio que tienen las personas que nos rodean. Cuando tú estás bien, tu pequeño mundo mejora.

Te animo a que incluyas alguna de estas prácticas en tu rutina diaria ya, y nota los beneficios que vas teniendo a medida que las vas incorporando ¿Estás lista?